Estimado amigo.
por. Rolando F. Lara

¿Dejas un recado en la cocina de tu casa avisando que
llegarás tarde esa noche y cuando llegas tienes problemas? ¿Dejas el reporte
solicitado por tu jefe sobre su escritorio y al día siguiente te reclama no
haberlo entregado? ¿Solicitas una información a tu colaborador y a los dos días
cuando llega el momento de la reunión no cuentas con ella? ¿El semáforo se pone
en verde y arrancas con prisa pero el carro que se cruza al último momento choca
el tuyo? etc. ¿Te parece esto conocido?
El mayor error en las organizaciones, sea del tamaño que sean
es dar por hecho, asumir, que las
cosas se realizarían como era esperado, que no habría dificultades o que
alguien pensaría como tú pensarías en una situación específica.
Esta actitud genera desde errores en la comunicación (creí
que… pensé que… entendí que…) hasta grandes errores en el desarrollo de los
procesos y la toma de decisiones basadas en lo que se asume, se da por sentado
o se da por hecho.
Una persona que prefiere confirmar, ya sea una duda de
comunicación, un dato en el teléfono, una información en la oficina, un
supuesto en una planeación presupuestal, etc. no perderá su tiempo, ni el de
los demás, en acciones que después deban repetirse o cancelarse por estar fuera
de tiempo en un proceso, no perderá con los incrementos de costos generados por
un error, no tendrá que enfrentar la pérdida de calidad ni la de satisfacción
de los participantes, ni el deterioro de la confianza de la organización y del
cliente en su equipo de trabajo.
La primera reacción impulsiva es buscar culpables, encontrar
un chivo expiatorio. Pero en verdad la responsabilidad siempre será de quien la
ostenta en la organización o en el equipo y esa persona deberá asumir su propia
responsabilidad y aceptar que no revisó, no confirmó, y en cambio asumió que se
daría lo esperado, que el jefe vería sobre el escritorio, y la esposa los
recados sobre el refrigerador, y que no
se presentarían imponderables o situaciones fuera de control.
Las preguntas de solución antes de asumir algo son: ¿Es
confiable el proceso? ¿Está libre de imponderables? ¿Es confiable la gestión?
Si cabe en la respuesta una duda suficientemente razonable lo mejor
es no asumir y es preferible confirmar.

¿Cómo puedes identificar una duda razonable? La respuesta viene con otras preguntas: ¿Te sientes suficientemente tranquilo para
confiar lo que esperas a este proceso en particular? ¿Confías en su estabilidad, es decir, en que
se hará lo establecido? ¿Confías en la gestión del líder del equipo responsable
y en ese equipo en específico? ¿Confías en que los tiempos y los otros recursos
son suficientes? ¿Confías en que no se presentará nada que pudiera hacer fallar
el resultado esperado?
Las respuestas a estas preguntas te dirán qué hacer.
A propósito… ¿Qué estás asumiendo que está provocando en tu
actividad lo que no esperas?
Rolando F. Lara
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