lunes, 25 de agosto de 2014

¿Eres una víctima de las circunstancias?


Escuchamos con mucha frecuencia que la vida no es lo que nos pasa sino lo que hacemos con eso que nos pasa, y es muy cierto. Lo que sucede a nuestro alrededor, en nuestro entorno, en nuestra circunstancia, no es lo que construye nuestros procesos y desarrolla nuestro acontecer, sino la actitud con que recibimos ese entorno en el momento presente y lo que decidimos hacer con él como insumo para nuestras intenciones, planes, decisiones y acciones, para ese momento presente y para los que vendrán.

Cierto pero incompleto. Porque el entorno, la circunstancia, no es sólo un estímulo externo que nosotros recibimos, considerarlo así equivaldría a colocarnos en el papel de víctima, víctima de la circunstancia, y responsabilizar a algo fuera de nosotros mismos por lo que vivimos.

Una actitud de víctima se caracteriza por no aceptar la responsabilidad de su estado, busca a otros como culpables de su situación, ya sea en el trabajo, en la familia, en las relaciones, en sus logros. Todo le pasa y no es responsable de nada. Se considera una víctima de los demás, de la vida y de la historia.

Una actitud proactiva, de protagonista, se caracteriza por asumir la responsabilidad de lo que la persona hace o deja de hacer, admite sus errores y aprende de ellos, toma decisiones y acepta y asume las consecuencias, se responsabiliza de su estado y busca resolver las situaciones adversas contemplando siempre lo que tienen de beneficio y lo aprovecha para seguir adelante y cumplir sus objetivos, no culpa a otros, al clima, al mercado, a su equipo favorito o a las circunstancias de su estado sino que busca soluciones en vez de culpables y avanza conquistando sus metas.

Entonces, no podemos negar la responsabilidad que tenemos en la construcción de nuestro entorno, de nuestra circunstancia, sin caer en la actitud de víctima. A fin de cuentas mis circunstancias son producto de mis decisiones anteriores y las acciones y los efectos que se desprendieron de ellas, son producto de mis errores y de mis aciertos, de mi aprendizaje y de mi autoengaño, soy responsable de ello, y mientras más pronto lo vea más pronto podré hacer algo para generar cambios.

Cierto, no puedo negar que en forma paralela, otras decisiones ajenas participaron en desarrollar parte de esas circunstancias, quizás en forma causal o no, pero concurrente en mi mismo entorno, en mi misma circunstancia, pero eso no la convierte en algo ajeno a mi causalidad ni me exime de la responsabilidad de mi participación.

En pocas palabras, soy un protagonista responsable de mi circunstancia, al menos en una parte importante. Considerarla como un estímulo, o algo “que me pasa”, me convertiría en víctima, en una situación de auto engaño que es imposible aceptar.

Entonces:
¿eres un protagonista responsable o una víctima de las circunstancias?

martes, 5 de agosto de 2014

Como la ola.

Como la ola, conservamos el hábito de salir de la inmensidad a la que pertenecemos, buscando con curiosidad lo desconocido, lo que no es de nuestro ambiente, pero que llama nuestra atención, creyendo descubrir algo nuevo mejor que la inmensidad de la que somos parte y que vibra en nuestra naturaleza.

Muchas de las olas, salen a la costa rompiendo su cresta y regresan a la inmensidad de la que son parte en forma inmediata, reconocen su estado y su ilimitable interior, se convencen con agilidad de su naturaleza.

Otras, salen con mayor fuerza y en su espontaneidad, efímera pero impetuosa, se estrellan explotando contra los riscos que desean saltar en la costa y regresan convencidas o resignadas a la inmensidad del mar que las acoge.

Pero hay otras, que se montan en huracanes o tempestades, en una asociación violenta y agresiva, y escapan del lecho marino para llegar hasta lugares que por su situación no permiten su regreso al mar. Entonces, estas olas, deberán pasar por otra experiencia, dolorosa pero de gran aprendizaje. Deberán ser evaporadas por el sol dejando parte de sí en la tierra y purificarse en la volatilización para formar nubes y ser arrastradas sin control por el viento, que las empujará a otros destinos, que las llevará a viajar y conocer otras lejanías, a vivir otras experiencias, a observar otras formas de contemplar la inmensidad y darse cuenta de que su naturaleza no ha cambiado aunque cambie su forma. Después de ese viaje, en el que añorarán su vida, y buscarán reencontrar su camino, deberán transformarse de nuevo, ahora en lluvia.  Unas de ellas podrán participar en el crecimiento de bosques y florestas que alberguen fauna maravillosa, o regar campos de cultivo con el sentido mayor de alimentar a hombres y mujeres, y más tarde ser arrastradas como ríos hasta el mar. Otras, vagarán hasta que oportunamente lloren en lágrimas de gozo el encuentro fabuloso de su regreso al mar, al fin su retorno a la inmensidad, a la inmensidad de la que son parte. Y la inmensidad esplendorosa de donde salieron les dará la bienvenida, gustosa de recuperar la ola perdida.

Al final todos, como la ola, regresamos a la inmensidad a la que pertenecemos y que forma parte de nuestra naturaleza. Esa inmensidad que en su infinita potestad está contenida en cada una de sus partes, y así también está contenida en cada uno de nosotros, y nos reconoce al regresar. Al final, lo importante es reconocer esta naturaleza propia e inconmensurable y caminar con ella todos los caminos en conexión con ese infinito, y al definir qué tipo de ola hemos decidido ser y qué sentido le damos a nuestra experiencia, vemos también el camino de regreso a esa infinitud, la inmensidad contenida en nuestro interior y de la cual formamos siempre parte inexorable.
Un inmenso abrazo.


Rolando F. Lara E.

miércoles, 2 de julio de 2014

Las ventajas de las emociones negativas.

Habrás pasado un fin de semana conviviendo con tu familia, haciendo ejercicio, o viendo el futbol, o quizás disfrutando de los extraordinarios momentos de estar contigo mismo, revisando lo que te servirá para continuar creciendo y evitando emociones negativas.
¡ Te felicito ¡



Cuando te das cuenta que las emociones negativas son sólo la forma de ti mismo de responder sin control propio a lo que te pasa, caes también en cuenta que esas emociones negativas generan actitudes negativas hacia lo que deseas hacer, que son repetitivas, y que esa repetición genera los hábitos que te dañan a ti a tu familia y a tu trabajo. Y que además son contagiosas porque los que te rodean empiezan a absorber del ambiente esa actitud negativa tuya, esa energía negativa y reaccionan defendiéndose y atacándote, o al menos pensando negativamente acerca de ti y guardando resentimientos.

La buena noticia, es que esas emociones negativas, son provechosas si las sabes manejar.
Te mandan una señal, por la que puedes identificar que, la percepción de lo que te pasa, o lo que interpretas de eso que estás percibiendo, o tu reacción a todo eso, tienen algo que no es correcto. Algo de ello estás haciendo en forma equivocada.

Descubrir esto no requiere de grandes procesos o metodologías, pero sí de una observación de ti mismo en las situaciones en las que las emociones negativas aparecen.  Para eso sólo necesitarás practicar un poco, como en cualquier actividad. Esto es observarte en situaciones más tranquilas e identificar lo que estás sintiendo, los pensamientos que eso que sientes te generan y las acciones que te nacen desde esos pensamientos. Claro, todo es sencillo pero requieres hacerlo, y entonces descubrirás todos los beneficios de observarte realmente.

Descubrir y manejar tus emociones y por ende tus actitudes negativas, te da la oportunidad para generar los cambios en tu persona, hacer lo que necesitas hacer para corregir esas respuestas a lo que te pasa y eliminar así las emociones y actitudes negativas y sus correspondientes consecuencias.

Otra extraordinaria noticia es que las emociones negativas y las actitudes negativas son altamente vulnerables, ceden a tu poder porque requieren de tu permiso para existir, y si no se lo otorgas desaparecen, por ello son manejables a través de la voluntad. La condición para realizar esto es sólo que te des cuenta en el momento que aparecen y que puedas cacharte y ejercer realmente tu voluntad para eliminarlas.


Lo que a veces pasa puede ser un conflicto con tu jefe por un error, algo que se omitió o no fue terminado, y la situación, difícil y molesta, quizás esté cargada de reclamos y disgustos.
Tu percibes un problema, pero lo que en realidad existe, es un hecho que está cargado de emoción y que te causa indignación, quizás porque el error no fue tuyo, o porque sí lo fue y no supiste o pudiste evitarlo.
Se requiere ahora una solución pero antes un aprendizaje. Si no separas el hecho mismo de la emoción que sientes, tu actitud se verá envenenada con esa emoción negativa.

Si lo que percibes es el hecho, el hecho en sí, y no el hecho en tí, es decir ya cargado de emociones, tendrás oportunidad para darte cuenta de lo que en realidad percibes (si es el hecho), de lo que sientes por ello (tus emociones negativas ya identificadas) y lo que piensas de la experiencia (las consecuencias, o las opciones que se abren para resolver), después las acciones que habrás de tomar para corregir el error si esto es posible o para minimizar sus consecuencias, y posteriormente la manera de evitar su repetición.

   
En lo que percibes, del hecho preciso, y de ti en tu interior; en lo que interpretas de eso que percibes, o en lo que piensas o actúas como consecuencia de tu interpretación, puedes estar haciendo algo equivocado que debes corregir, entonces podrás eliminar las emociones y las actitudes negativas que envenenan tu vida y el ambiente en el que funcionas.

Recuerda que las emociones negativas y las actitudes negativas que se desprenden de ellas, son tan vulnerables como lo desees, dependen completamente de tu voluntad.

Que tengas una feliz semana.


Un abrazo.  

miércoles, 25 de junio de 2014

Los 12 PARAS de la vida feliz


1.- Para vivir en el ruido, estar en silencio.

2.- Para comunicar más, escuchar más.

3.- Para ver la luz, cerrar los ojos.

4.- Para encontrar, dejar de buscar.

5.- Para vivir hacia el futuro, vivir el ahora.

6.- Para recibir más, dar más.

7.- Para llegar lejos, caminar no correr.

8.- Para ser más consciente, dejar de pensar.

9.- Para conocer más, auto observarse.

10.- Para lograr más para ti, hacer más para los otros.

11.- Para ser más amado, amar más.


12.- Para ser feliz siempre, estar feliz ahora.


miércoles, 18 de junio de 2014

¿Tienes mucho que hacer?

Estimado amigo


Cuando dices “tengo muchas cosas que hacer”, preparas tu mente para pensar simultáneamente en varias cosas a la vez, y al final esto no sucede, el cerebro utiliza lo que llamamos atención para desarrollar su eficiencia, su proactividad, su efectividad, y lo hace concentrado en una sola cosa por un tiempo efectivo, o lo hace alternativamente, pasando de una cosa a otra,  sin profundizar en lo que es realmente capaz de hacer.

Cuando la atención no se concentra en el objetivo preciso, podemos hablar que sufre la calidad de lo que haces, esa calidad se pierde hasta llegar a  la inutilidad de muchas actividades que en la vorágine de la desatención realizas sin pensar.

Sin embargo, cuando ordenas lo que tienes por hacer, y respetas la atención en cada actividad y objetivo específico, la calidad de lo que haces crece, la creatividad se aplica en toda su dimensión, logras efectividad y resultados extraordinarios.  

La atención concentrada en una cosa a la vez, significa estar totalmente en ello, con toda la visión, la energía, con toda la fuerza creativa y activa de que eres capaz, observando los mínimos detalles que son importantes, comprendiendo la situación y todas sus implicaciones y efectos. En resumen, poniendo totalmente tu persona en ello, poniendo tu atención y la acción donde realmente deseas actuar.

¿Qué resultados esperarías al actuar así?

Basta intentarlo, pero comprometiéndote a hacerlo realmente, y encontrarás la respuesta.

Un abrazo.


lunes, 2 de junio de 2014

Junio 2014.


Estimados amigos.

Terminamos un mayo quizás con metas cumplidas, algunas, y quizás no tan completadas otras, pero aún vivimos el ímpetu típico del cierre de mes. Con el ánimo de un ciclo terminado y con la energía nueva para un ciclo más, iniciamos el mes de junio con grandes expectativas: el mundial de Brasil por un lado, que nos llena de entusiasmo e interés por presenciar los partidos aunque sea desde lejos, y por otro lado encontramos el extremo final de la primera mitad del año, que marca incansable su ritmo de avance, reclamando atención sobre los planes.

Hacia las metas veo actitudes de respuesta al reto en unas personas y de agobio en otras, y quizás de abandono vacacional en otras, con sus ojos, éstas últimas,  más en espera de la pelota que ruede por la cancha empastada disparada hacia la cabaña del contrario, que en lo que suelen atender en lo cotidiano.

Y es la euforia, es la fiesta mundial, es el Fut-Bol. Por lo que ahora más que nunca es importante conservar la atención realmente en control sobre lo que queremos lograr, lo que es más importante en nuestras vidas, lo que le brinda significado y sentido a lo que hacemos por la devoción dedicada a realizarlo bien. Si dejamos lo que está fuera de nuestro control, allá en las canchas, y mantenemos la atención muy concentrada en nuestras funciones, caminaremos al ritmo, y hacia el rumbo inexorable de nuestras metas y planes a cumplir. Y en la algarabía de la fiesta podemos incluir la alegría de nuestros esfuerzos de planeación, de gestión, de decisiones y acciones para alcanzar los objetivos personales y profesionales que nos hemos marcado. Aun así, tendremos tiempo, programado en la semana, o al final del día, para atender nuestro eufórico interés mundialista, lo que haremos con la satisfacción del deber cumplido.

Podemos vivir la fiesta sin dejar que nos arrastre, podemos mantener el entusiasmo sin ceder nuestra atención, sin contaminar nuestra intención, nuestro estado de alerta, podemos disfrutar así del mundial y continuar con nuestro plan para seguir alimentando nuestras funciones y nuestros anhelos, de energía y de análisis responsables, de nuestras decisiones y acciones que se requieren para acercarnos a las metas y cumplir esos objetivos nuestros. 

Tengamos este mes una feliz fiesta futbolística, un feliz ardor deportivo, pero también un eficaz control de nuestra atención para realizar las actividades que nos lleven a nuestras metas.


Un abrazo. 

¿Realmente haces lo que quieres?



Estimado amigo.

Hoy es un gran día para realmente querer hacer eso que quieres hacer.

Hacer lo que haces con la actitud de que has decidido realizar tu mejor esfuerzo como persona, como pareja, como hijo o como padre, y también como responsable de las funciones que desempeñas, hará que disfrutes lo que haces desde el inicio hasta obtener los resultados.

 Así te levantarás en la mañana porque quieres, no porque tienes que hacerlo, tendrás cuidado de lo que hablas frente a tus hijos porque quieres lo mejor para ellos no porque tienes que esconderte, y abrazarás con ternura a tu pareja, porque quieres mostrarle lo que sientes, no porque tienes que cumplir con una costumbre, y realizarás tus funciones profesionales con tu mayor atención y esfuerzo porque quieres sentirte satisfecho haciendo lo que es correcto, lo que disfrutas, no porque tienes que trabajar.



Sabes que nadie puede hacer que quieras algo, o que no lo quieras. Esa es una decisión personal y sólo tú la puedes tomar. Pero si decides que quieres realmente hacer algo, te aseguro que el resultado al hacerlo será diferente, no sólo como resultado directo de tu actividad, sino también como resultado interno en tu satisfacción personal. Te aseguro que si haces eso de lo que eres responsable como haces lo que te gusta hacer en tu tiempo libre, lo disfrutarás de igual manera.

Y es posible que sucedan cosas fuera de tu control, o cometas un error y no obtengas el resultado deseado en esa ocasión, pero no lo verás como un fracaso, porque no lo es, habrás aprendido otra forma de cómo no hacerlo y lo intentarás de nuevo de otra manera, porque no habrá culpas sino la responsabilidad de responder a lo que deseas lograr. Y aún sin haber llegado en esa ocasión al resultado deseado, la satisfacción de ese aprendizaje será muy grande, como un descubrimiento.  Y buscarás la opinión de otros que consideres con mayor experiencia, no para que decidan por ti, sino para buscar información que te sea útil para decidir y actuar con lo aprendido y evitar un nuevo  error. A fin de cuentas el responsable de la decisión y la acción eres sólo tú.


Y tu actitud cambiará, de desesperación o ansiedad, a tranquilidad y quietud interna, para continuar decidiendo e intentando con eficacia lo que quieres hacer, y te sentirás mejor contigo mismo en tu persona, en tu familia y en tu trabajo, porque tu actitud hacia la vida será diferente.

Practica con cosas que te cuesten menos primero, practica a querer hacer lo que haces porque sabes que es lo correcto aunque te cueste un esfuerzo mayor, y verás la diferencia. La mayoría de las veces, el camino que vemos más complicado o difícil es el que nos lleva a la mejor solución porque es lo correcto, y el camino del menor esfuerzo, el más fácil, muchas veces nos lleva a resultados no deseados. Como dicen por ahí: “El flojo trabaja doble”.


Al final, hacer lo que has decidido hacer porque lo quieres hacer, es diferente a hacerlo porque lo tienes que hacer, y sus resultados lo mostrarán.



¿Estás dispuesto a hacer lo que quieres?


Un abrazo.

martes, 27 de mayo de 2014

Por qué no nos detenemos siempre antes de reaccionar?
Escríbeme tus comentarios.

miércoles, 21 de mayo de 2014

¿Generas cuellos de botella?

Estimado amigo.

Cuando inicias una tarea en tu trabajo o en la familia, con frecuencia consideras que no necesitas de otras personas para cumplirla, tal vez crees que puedes realizarla solo con tu propio entusiasmo, con tu propio esfuerzo.
Pronto te das cuenta que son pocas cosas las que puedes hacer así, tú solo.


En el seno familiar, en un negocio pequeño y más aún en las grandes empresas, requerirás trabajar con otras personas. En las organizaciones pequeñas porque requieras algo de una o más personas para hacer tu labor, o entregar a otros el producto de tu trabajo para que hagan el suyo. En organizaciones mayores, la tarea requerirá de esfuerzos organizados por equipos de trabajo donde se requiere una metodología hacia dentro del equipo y una coordinación entre unos equipos y otros.

En todos los casos la actitud de involucramiento es requerida para que los equipos funcionen. Ese involucramiento y la actitud participativa de las personas se hará evidente en acciones como puntualidad y participación en las reuniones, en la aclaración de dudas y emisión de propuestas, en la aportación de ideas y sugerencias para mejorar los procesos, en  aquellas conductas que serán leídas por los demás como el genuino interés en que los objetivos se cumplan, porque existe la consciencia de que esos objetivos son comunes, y el resultado del equipo depende de todos.

En ocasiones, encontraremos que la efectividad de un equipo deja mucho que desear, que se cumplen sólo algunos  objetivos a medias y en tiempos más largos, que se producen errores frecuentes, que los costos de las actividades crecen sin desearlo por errores o distracciones que requieren retrabajos, etc. y lo primero que salta a la vista es la falta de involucramiento. Esto es: los participantes anteponen su posición personal, la consideración de sí mismo como superior (vedette), su comodidad, su aversión al riesgo, etc;  al beneficio común buscado por el equipo, al objetivo común; y como consecuencia ese beneficio se ve deteriorado, o el objetivo o meta  francamente incumplido.    

¿Detienes la conexión?

   
En otras ocasiones la coordinación entre los equipos falla porque la conexión entre ellos, es decir el canal del flujo de información, de materiales y de decisiones se ve detenido en cuellos de botella que generan pérdidas en dicha coordinación, deteniendo también el flujo del dinero. Un cuello de botella múltiple se genera por flujo deficiente de información cuando no todos los equipos están informados de lo mismo, y las actividades pierden coordinación. Un cuello de botella simple aparece cuando alguien detiene actividades esperando información, o materiales o decisiones que se acumulan en un escritorio por deficiencias en dichos flujos y el flujo de dinero no corre. Todos esos cuellos de botella generan esperas innecesarias y pérdida de efectividad.

Un problema profundo de los equipos consiste en la pérdida de funcionalidad, es decir, el equipo es disfuncional. Esto está asociado a las relaciones entre los participantes y por supuesto deteriora la efectividad del equipo. Por su gran importancia y extensión, me referiré a este concepto en una ocasión posterior. 
  
Los equipos de personas, o los equipos de equipos, necesitan de una completa interdependencia para funcionar con efectividad, es decir con la eficacia que les hace llegar al objetivo y la eficiencia que les hace alcanzarlo al menor costo y con el mejor resultado. Ambos tipos de equipos se alimentan del involucramiento de las personas y del cuidado de los flujos de información, materiales, decisiones y efectivo, así como de la funcionalidad asociada a la calidad de las relaciones entre los participantes.



Si ahora voltearas hacia dentro de tu equipo, ¿puedes identificar si está logrando sus metas con eficacia y con eficiencia? ¿Puedes afirmar con seguridad que el equipo cuenta con involucramiento completo de sus participantes, sean éstos personas u otros equipos?, ¿estás seguro que no estás generando cuellos de botella en el flujo de información, materiales, decisiones o dinero?

Un abrazo

Rolando F. Lara.

martes, 13 de mayo de 2014

¿Culpable o inocente?


Con más frecuencia que lo deseable, te encontrarás no siendo tú, no actuando como realmente eres, queriendo dar “una buena impresión” a quien te acompaña, sobre todo si esa persona es tu jefe, tu cliente, una autoridad, o alguien de quien consideras importante su opinión.

¿Te has preguntado la razón de ello? Te das cuenta realmente de lo que sucede en tu interior cuando actúas de esa manera? ¿Has revisado lo que realmente sientes en esos momentos?

 ¿Será que tienes temor a darte a conocer?  ¿o a no obtener la aceptación de la persona que te acompaña?
Una forma de identificar eso, es preguntarte si calificas tu conducta comparándola con lo que esa persona espera de ti, preguntarte la opinión que se formaría de ti si conociera esa conducta que ocultas. Si ese es el caso, quizás estés generando culpas por actuar como esa persona lo espera, y con esas culpas generas también una dependencia casi esclavizadora, hasta una pérdida de tu libertad a actuar según lo que consideras correcto por ti mismo, desarrollando también un sufrimiento innecesario.

La culpa auténtica es el sufrimiento generado al comparar tu actuar contra lo que consideras que es correcto y sientes no haber cumplido con tus principios, con lo que te da valía como persona. Entonces aceptarás dentro de ti que no hiciste lo correcto, querrás reparar el daño en lo posible, buscarás corregir tu forma de actuar y cambiar, y quizás ofrecer una disculpa a la persona que tal vez hayas afectado.

Pero ¿qué sucede cuando otra persona desea que hagas algo que tú no quieres hacer? ¿qué sucede cuando  espera algo de ti y no lo haces,  porque no lo ves correcto, y aunque consideras que no tiene derecho a pedirte que lo hagas, te sientes mal si no lo haces? ¿qué sucede cuando sientes culpa por haber actuado diferente de lo esperado por esa otra persona? Esa culpa genera también el sentimiento de que no quisieras sentirte así, entonces te sientes culpable por sentir culpa, consideras que hiciste lo correcto pero no sabes cómo hacer para no sentirte culpable, actuaste según tus parámetros y no según los de la otra persona y aún con ello te sientes mal.

Habrás descubierto un elemento para recuperar tu libertad de actuar según tus propios parámetros. Te habrás dado cuenta que esa libertad te pertenece pero la has cedido sin querer al aceptar actuar según lo que otra persona desea de ti, según lo que esa otra persona quiere obtener de ti, aunque se oponga a lo que consideras correcto y que desearías realmente hacer.

La culpa de sentir culpa


Nace generalmente de actos que consideras correctos y en la dirección adecuada pero no cumple con expectativas ajenas. Sientes culpa porque si la manipulación de otros no te llevó a actuar como esa otra persona esperaba, al menos sí te molesta decepcionar o no agradar a esa persona, aunque también te sientas satisfecho por hacer lo correcto.


Esta culpa por no agradar no es real ni auténtica, es producto de la manipulación y tú la estás alimentando con tu culpa en un círculo vicioso. Sin embargo, al ponerlo al descubierto, sabrás que realmente puedes actuar según tus propios parámetros y te sentirás libre, más seguro y mucho más satisfecho por tu actuación, y la culpa infundada desaparecerá. Te darás cuenta que esa persona no tiene ya más poder sobre ti, que puedes enfrentar las consecuencias de tu ética y tu libertad con seguridad y fortaleza y que sin buscarlo las oportunidades de mejora brotarán y podrás continuar siendo libre y satisfecho contigo mismo, construyendo sin culpas infundadas por la manipulación, la persona que realmente deseas llegar a ser. 

viernes, 9 de mayo de 2014

¿Hemos malgastado el amor de Mamá?



Rara vez te preguntas si el amor de Mamá ha sido aprovechado por ti sin derrochar lo que has recibido. ¿Es esto posible?
Los sacrificios de una Madre, son muy grandes. Desde la concepción, el nacimiento, la infancia, la juventud del hijo. 


Por toda su vida y hasta que ella parte de este mundo, ella realiza sacrificios por el hijo, muchos de ellos dolorosos en lo físico y en lo emocional, a veces ocultando su congoja y aún en su propia enfermedad, sigue luchando por el bienestar y la formación de quien más ama: el hijo a quien le dio la vida. 

Ha convertido sus renuncias en felicidad cuando ve los resultados en la sonrisa del niño, en gran alegría con la satisfacción del joven, en propio orgullo al observar los caminos del hijo adulto.  Ha entregado su amor en forma de atenciones y angustias, y ha cometido errores, siempre con la intención de lograr lo mejor para el hijo.

Todas esas experiencias de Mamá las vivió también el hijo desde otra visión, con una participación complementaria. Ella aprendió con esa experiencia y gozó con la entrega de su vida. ¿Aprendió el hijo de la misma experiencia? ¿Ha tomado consciencia de esos sacrificios a veces dolorosos mostrados con alegría y una sonrisa?

Tal vez sí, ojalá, porque qué desperdicio de amor, qué tan malgastado sería, si el hijo no logró aprender de la experiencia de la madre, sobre todo cuando ésta fue dolorosa y de penas. Qué derroche de angustia y de amor, si el hijo no se dio cuenta, si todo lo vio “muy natural” y no aprendió lo que debía aprender para agradecer y crecer con esa experiencia.


Y tú, ¿Has malgastado el amor de Mamá?

martes, 6 de mayo de 2014

Enriquece tu vida con El Orden


Hola amigo.                                                                                                                


¿Es frecuente encontrarnos frente a situaciones que hay que atender con urgencia? 

eventos no programados que modifican nuestro plan de acción, sorpresas fuera de nuestro control que nos obligan a ajustar nuestras decisiones y a cambiar nuestras acciones, errores nuestros o de otros que requieren hacer de nuevo lo que ya considerábamos avanzado o terminado, son parte de la vida cotidiana.

Frente a estas y otras sorpresas conocemos un elemento de previsión que minimizará los efectos en el cumplimiento de nuestras metas, sólo que no lo aplicamos suficientemente: el orden.

Existe toda una metodología para aprender a distinguir y aprender a manejar lo importante y lo urgente, de la que nos ocuparemos en un futuro próximo, y la base de esa metodología es El Orden. 


La máxima que dice “Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar” no sólo se refiere al orden de las cosas en los espacios, sino también al de las acciones en los tiempos, en las secuencias, en la simultaneidad,  en los procesos,  es lo que ilumina y le da razón de existir a la agenda personal, al plan de trabajo, al control de proyectos, a la planeación, al desarrollo organizacional, a los sistemas computacionales y a la generación de nuevos productos incluyendo la creatividad y la innovación. 

¿Cómo afecta el orden a tus actividades diarias? ¿Qué tan ordenadamente tienes o haces las cosas?, ¿Qué tanto orden conservas en tu lugar de trabajo, en tus ideas, en tus actividades, en tus proyectos? 

¿Aplicas en tu lugar de trabajo o de descanso la ceguera de taller, es decir la costumbre a ver las cosas o tus actividades fuera de lugar u orden? ¿Qué estás haciendo ahora para establecer y mantener el orden en tu vida? ¿Tienes un proyecto de vida que ordene tus prioridades en tus tiempos y valores? ¿Sigues un orden para mejorar tu salud, tus relaciones, tu trabajo, y tu espiritualidad?

Las respuestas a estas preguntas son sólo tuyas pero afectan a quienes te rodean, tú tendrás el beneficio directo del orden que establezcas en lo que haces, pero también obtendrás otros beneficios de los efectos que ese orden tenga en ti mismo, en tu equipo de trabajo y en tu organización, y ese beneficio se extenderá a tu familia, y a quienes viven y trabajan a tu alrededor.

Observa tu día, tu espacio, tus tiempos, tus actividades y te sorprenderá lo que puedes mejorar sólo introduciendo en ello… un poco más de orden.

Un abrazo.   


Rolando F. Lara






lunes, 28 de abril de 2014

¡ ¡ No salgas de tu zona de confort ! !

Estimado amigo.

Tal vez con frecuencia habrás leído en libros de liderazgo, o quizás escuchado en conferencias de crecimiento personal y empresarial, o en programas de radio o de televisión, que debes abandonar tu zona de confort para crecer, para desarrollar tus facultades, mejorar tus habilidades, imponer ese esfuerzo requerido para avanzar, cumplir tus metas profesionales y personales y lograr los objetivos que te has trazado en la vida. Lo que vale la pena lograrse, requiere un gran sacrificio, un gran sufrimiento.


Yo me pregunto: ¿Por qué?, ¿Por qué debo salir de mi zona de confort para realizar esfuerzos que significan sufrimiento y dolor?  ¿Lograré así sufriendo, realmente, llegar a mis metas y cumplir mis objetivos?


Estoy convencido que para cumplir las metas profesionales y lograr los objetivos personales y funcionales en forma efectiva (es decir con eficacia y eficiencia), aún contra la creencia común, debo hacerlo desde mi zona de confort.
Así, si permanecer en mi zona de confort es no realizar esfuerzos dolorosos o de sufrimiento sino actividades de gozo y satisfacción, significa que para ser efectivo debo permanecer en esa satisfacción de hacer lo que hago continuamente y en ese gozo de hacerlo bien.

¿Cómo entonces realizar los a veces costosos esfuerzos, las a veces dolorosas disciplinas que se requieren para cumplir tus más altas metas y grandes objetivos?


 El secreto consiste, no en salir de tu zona de confort, 

sino en expandirla.


Esto significa que los esfuerzos que te pueden ser costosos los puedes realizar con emoción, con una pasión que transforme el esfuerzo en entusiasmo, que la disciplina que requieres tomar y que a veces puede ser muy exigente, será una actividad que disfrutes en forma extraordinaria, agradeciendo a Dios, o a la vida si lo deseas, la oportunidad de enfrentarte a ese reto porque será la escuela de tu crecimiento, el aprendizaje para retos mayores, la alimentación y el ejercicio del músculo de la voluntad, de la persistencia, de la disciplina creativa y de la energía que alimenta tus anhelos. 

Tomar las situaciones que calificas de obstáculos o dificultades para lograr tus metas como una prueba más para tu serenidad, tu paciencia, tu creatividad, tu liderazgo, tu inspiración, agradecer por ellas y disfrutarlas.

¿Cómo hacer eso? ¿Cómo llevar a cabo la transformación? De nuevo, la respuesta es otra pregunta: ¿Qué tanto agradeces durante el día lo que tienes?, ¿o lo que vives? ¿Las oportunidades que se te presentan para crecer?

En el momento en que empieces a agradecer, principalmente los instantes de vida que son significativos, importantes, valiosos para ti, tu actitud cambiará, y tu zona de confort se expandirá hasta los límites que hayas dado a tu agradecimiento.

¿Deseas permanecer en tu zona de confort?  Bienvenido, solo tienes que cambiar tu esfuerzo en entusiasmo y expandir la que tienes ahora.

Un abrazo.   
Rolando F. Lara


lunes, 21 de abril de 2014

¿Lo das por hecho?

Estimado amigo.
por. Rolando F. Lara


¿Dejas un recado en la cocina de tu casa avisando que llegarás tarde esa noche y cuando llegas tienes problemas? ¿Dejas el reporte solicitado por tu jefe sobre su escritorio y al día siguiente te reclama no haberlo entregado? ¿Solicitas una información a tu colaborador y a los dos días cuando llega el momento de la reunión no cuentas con ella? ¿El semáforo se pone en verde y arrancas con prisa pero el carro que se cruza al último momento choca el tuyo? etc. ¿Te parece esto conocido?

El mayor error en las organizaciones, sea del tamaño que sean es dar por hecho, asumir, que las cosas se realizarían como era esperado, que no habría dificultades o que alguien pensaría como tú pensarías en una situación específica.

Esta actitud genera desde errores en la comunicación (creí que… pensé que… entendí que…) hasta grandes errores en el desarrollo de los procesos y la toma de decisiones basadas en lo que se asume, se da por sentado o se da por hecho.


Una persona que prefiere confirmar, ya sea una duda de comunicación, un dato en el teléfono, una información en la oficina, un supuesto en una planeación presupuestal, etc. no perderá su tiempo, ni el de los demás, en acciones que después deban repetirse o cancelarse por estar fuera de tiempo en un proceso, no perderá con los incrementos de costos generados por un error, no tendrá que enfrentar la pérdida de calidad ni la de satisfacción de los participantes, ni el deterioro de la confianza de la organización y del cliente en su equipo de trabajo.

La primera reacción impulsiva es buscar culpables, encontrar un chivo expiatorio. Pero en verdad la responsabilidad siempre será de quien la ostenta en la organización o en el equipo y esa persona deberá asumir su propia responsabilidad y aceptar que no revisó, no confirmó, y en cambio asumió que se daría lo esperado, que el jefe vería sobre el escritorio, y la esposa los recados sobre el refrigerador,  y que no se presentarían imponderables o situaciones fuera de control.

Las preguntas de solución antes de asumir algo son: ¿Es confiable el proceso? ¿Está libre de imponderables? ¿Es confiable la gestión? Si cabe en la respuesta una duda suficientemente razonable lo mejor es no asumir y es preferible confirmar.


¿Cómo puedes identificar una duda razonable? La respuesta viene con otras preguntas: ¿Te sientes suficientemente tranquilo para confiar lo que esperas a este proceso en particular?  ¿Confías en su estabilidad, es decir, en que se hará lo establecido? ¿Confías en la gestión del líder del equipo responsable y en ese equipo en específico? ¿Confías en que los tiempos y los otros recursos son suficientes? ¿Confías en que no se presentará nada que pudiera hacer fallar el resultado esperado?

Las respuestas a estas preguntas te dirán qué hacer.


A propósito… ¿Qué estás asumiendo que está provocando en tu actividad lo que no esperas?


Rolando F. Lara