Escuchamos con mucha frecuencia que la vida no es lo que nos
pasa sino lo que hacemos con eso que nos pasa, y es muy cierto. Lo que sucede a
nuestro alrededor, en nuestro entorno, en nuestra circunstancia, no es lo que
construye nuestros procesos y desarrolla nuestro acontecer, sino la actitud con
que recibimos ese entorno en el momento presente y lo que decidimos hacer con
él como insumo para nuestras intenciones, planes, decisiones y acciones, para
ese momento presente y para los que vendrán.
Cierto pero incompleto. Porque el entorno, la circunstancia, no es sólo un estímulo
externo que nosotros recibimos, considerarlo así equivaldría a colocarnos en el
papel de víctima, víctima de la circunstancia, y responsabilizar a algo fuera
de nosotros mismos por lo que vivimos.
Una actitud de víctima se caracteriza por no aceptar la responsabilidad
de su estado, busca a otros como culpables de su situación, ya sea en el
trabajo, en la familia, en las relaciones, en sus logros. Todo le pasa y no es
responsable de nada. Se considera una víctima de los demás, de la vida y de la
historia.
Una actitud proactiva, de protagonista, se caracteriza por
asumir la responsabilidad de lo que la persona hace o deja de hacer, admite sus
errores y aprende de ellos, toma decisiones y acepta y asume las consecuencias,
se responsabiliza de su estado y busca resolver las situaciones adversas
contemplando siempre lo que tienen de beneficio y lo aprovecha para seguir
adelante y cumplir sus objetivos, no culpa a otros, al clima, al mercado, a su
equipo favorito o a las circunstancias de su estado sino que busca soluciones
en vez de culpables y avanza conquistando sus metas.
Entonces, no podemos negar la responsabilidad que tenemos en
la construcción de nuestro entorno, de nuestra circunstancia, sin caer en la
actitud de víctima. A fin de cuentas mis circunstancias son producto de mis
decisiones anteriores y las acciones y los efectos que se desprendieron de
ellas, son producto de mis errores y de mis aciertos, de mi aprendizaje y de mi
autoengaño, soy responsable de ello, y mientras más pronto lo vea más pronto
podré hacer algo para generar cambios.
Cierto, no puedo negar que en forma paralela, otras
decisiones ajenas participaron en desarrollar parte de esas circunstancias,
quizás en forma causal o no, pero concurrente en mi mismo entorno, en mi misma
circunstancia, pero eso no la convierte en algo ajeno a mi causalidad ni me
exime de la responsabilidad de mi participación.
En pocas palabras, soy un protagonista responsable de mi
circunstancia, al menos en una parte importante. Considerarla como un estímulo,
o algo “que me pasa”, me convertiría en víctima, en una situación de auto
engaño que es imposible aceptar.
Entonces:
¿eres un protagonista responsable o una víctima de
las circunstancias?
















