martes, 27 de mayo de 2014

Por qué no nos detenemos siempre antes de reaccionar?
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miércoles, 21 de mayo de 2014

¿Generas cuellos de botella?

Estimado amigo.

Cuando inicias una tarea en tu trabajo o en la familia, con frecuencia consideras que no necesitas de otras personas para cumplirla, tal vez crees que puedes realizarla solo con tu propio entusiasmo, con tu propio esfuerzo.
Pronto te das cuenta que son pocas cosas las que puedes hacer así, tú solo.


En el seno familiar, en un negocio pequeño y más aún en las grandes empresas, requerirás trabajar con otras personas. En las organizaciones pequeñas porque requieras algo de una o más personas para hacer tu labor, o entregar a otros el producto de tu trabajo para que hagan el suyo. En organizaciones mayores, la tarea requerirá de esfuerzos organizados por equipos de trabajo donde se requiere una metodología hacia dentro del equipo y una coordinación entre unos equipos y otros.

En todos los casos la actitud de involucramiento es requerida para que los equipos funcionen. Ese involucramiento y la actitud participativa de las personas se hará evidente en acciones como puntualidad y participación en las reuniones, en la aclaración de dudas y emisión de propuestas, en la aportación de ideas y sugerencias para mejorar los procesos, en  aquellas conductas que serán leídas por los demás como el genuino interés en que los objetivos se cumplan, porque existe la consciencia de que esos objetivos son comunes, y el resultado del equipo depende de todos.

En ocasiones, encontraremos que la efectividad de un equipo deja mucho que desear, que se cumplen sólo algunos  objetivos a medias y en tiempos más largos, que se producen errores frecuentes, que los costos de las actividades crecen sin desearlo por errores o distracciones que requieren retrabajos, etc. y lo primero que salta a la vista es la falta de involucramiento. Esto es: los participantes anteponen su posición personal, la consideración de sí mismo como superior (vedette), su comodidad, su aversión al riesgo, etc;  al beneficio común buscado por el equipo, al objetivo común; y como consecuencia ese beneficio se ve deteriorado, o el objetivo o meta  francamente incumplido.    

¿Detienes la conexión?

   
En otras ocasiones la coordinación entre los equipos falla porque la conexión entre ellos, es decir el canal del flujo de información, de materiales y de decisiones se ve detenido en cuellos de botella que generan pérdidas en dicha coordinación, deteniendo también el flujo del dinero. Un cuello de botella múltiple se genera por flujo deficiente de información cuando no todos los equipos están informados de lo mismo, y las actividades pierden coordinación. Un cuello de botella simple aparece cuando alguien detiene actividades esperando información, o materiales o decisiones que se acumulan en un escritorio por deficiencias en dichos flujos y el flujo de dinero no corre. Todos esos cuellos de botella generan esperas innecesarias y pérdida de efectividad.

Un problema profundo de los equipos consiste en la pérdida de funcionalidad, es decir, el equipo es disfuncional. Esto está asociado a las relaciones entre los participantes y por supuesto deteriora la efectividad del equipo. Por su gran importancia y extensión, me referiré a este concepto en una ocasión posterior. 
  
Los equipos de personas, o los equipos de equipos, necesitan de una completa interdependencia para funcionar con efectividad, es decir con la eficacia que les hace llegar al objetivo y la eficiencia que les hace alcanzarlo al menor costo y con el mejor resultado. Ambos tipos de equipos se alimentan del involucramiento de las personas y del cuidado de los flujos de información, materiales, decisiones y efectivo, así como de la funcionalidad asociada a la calidad de las relaciones entre los participantes.



Si ahora voltearas hacia dentro de tu equipo, ¿puedes identificar si está logrando sus metas con eficacia y con eficiencia? ¿Puedes afirmar con seguridad que el equipo cuenta con involucramiento completo de sus participantes, sean éstos personas u otros equipos?, ¿estás seguro que no estás generando cuellos de botella en el flujo de información, materiales, decisiones o dinero?

Un abrazo

Rolando F. Lara.

martes, 13 de mayo de 2014

¿Culpable o inocente?


Con más frecuencia que lo deseable, te encontrarás no siendo tú, no actuando como realmente eres, queriendo dar “una buena impresión” a quien te acompaña, sobre todo si esa persona es tu jefe, tu cliente, una autoridad, o alguien de quien consideras importante su opinión.

¿Te has preguntado la razón de ello? Te das cuenta realmente de lo que sucede en tu interior cuando actúas de esa manera? ¿Has revisado lo que realmente sientes en esos momentos?

 ¿Será que tienes temor a darte a conocer?  ¿o a no obtener la aceptación de la persona que te acompaña?
Una forma de identificar eso, es preguntarte si calificas tu conducta comparándola con lo que esa persona espera de ti, preguntarte la opinión que se formaría de ti si conociera esa conducta que ocultas. Si ese es el caso, quizás estés generando culpas por actuar como esa persona lo espera, y con esas culpas generas también una dependencia casi esclavizadora, hasta una pérdida de tu libertad a actuar según lo que consideras correcto por ti mismo, desarrollando también un sufrimiento innecesario.

La culpa auténtica es el sufrimiento generado al comparar tu actuar contra lo que consideras que es correcto y sientes no haber cumplido con tus principios, con lo que te da valía como persona. Entonces aceptarás dentro de ti que no hiciste lo correcto, querrás reparar el daño en lo posible, buscarás corregir tu forma de actuar y cambiar, y quizás ofrecer una disculpa a la persona que tal vez hayas afectado.

Pero ¿qué sucede cuando otra persona desea que hagas algo que tú no quieres hacer? ¿qué sucede cuando  espera algo de ti y no lo haces,  porque no lo ves correcto, y aunque consideras que no tiene derecho a pedirte que lo hagas, te sientes mal si no lo haces? ¿qué sucede cuando sientes culpa por haber actuado diferente de lo esperado por esa otra persona? Esa culpa genera también el sentimiento de que no quisieras sentirte así, entonces te sientes culpable por sentir culpa, consideras que hiciste lo correcto pero no sabes cómo hacer para no sentirte culpable, actuaste según tus parámetros y no según los de la otra persona y aún con ello te sientes mal.

Habrás descubierto un elemento para recuperar tu libertad de actuar según tus propios parámetros. Te habrás dado cuenta que esa libertad te pertenece pero la has cedido sin querer al aceptar actuar según lo que otra persona desea de ti, según lo que esa otra persona quiere obtener de ti, aunque se oponga a lo que consideras correcto y que desearías realmente hacer.

La culpa de sentir culpa


Nace generalmente de actos que consideras correctos y en la dirección adecuada pero no cumple con expectativas ajenas. Sientes culpa porque si la manipulación de otros no te llevó a actuar como esa otra persona esperaba, al menos sí te molesta decepcionar o no agradar a esa persona, aunque también te sientas satisfecho por hacer lo correcto.


Esta culpa por no agradar no es real ni auténtica, es producto de la manipulación y tú la estás alimentando con tu culpa en un círculo vicioso. Sin embargo, al ponerlo al descubierto, sabrás que realmente puedes actuar según tus propios parámetros y te sentirás libre, más seguro y mucho más satisfecho por tu actuación, y la culpa infundada desaparecerá. Te darás cuenta que esa persona no tiene ya más poder sobre ti, que puedes enfrentar las consecuencias de tu ética y tu libertad con seguridad y fortaleza y que sin buscarlo las oportunidades de mejora brotarán y podrás continuar siendo libre y satisfecho contigo mismo, construyendo sin culpas infundadas por la manipulación, la persona que realmente deseas llegar a ser. 

viernes, 9 de mayo de 2014

¿Hemos malgastado el amor de Mamá?



Rara vez te preguntas si el amor de Mamá ha sido aprovechado por ti sin derrochar lo que has recibido. ¿Es esto posible?
Los sacrificios de una Madre, son muy grandes. Desde la concepción, el nacimiento, la infancia, la juventud del hijo. 


Por toda su vida y hasta que ella parte de este mundo, ella realiza sacrificios por el hijo, muchos de ellos dolorosos en lo físico y en lo emocional, a veces ocultando su congoja y aún en su propia enfermedad, sigue luchando por el bienestar y la formación de quien más ama: el hijo a quien le dio la vida. 

Ha convertido sus renuncias en felicidad cuando ve los resultados en la sonrisa del niño, en gran alegría con la satisfacción del joven, en propio orgullo al observar los caminos del hijo adulto.  Ha entregado su amor en forma de atenciones y angustias, y ha cometido errores, siempre con la intención de lograr lo mejor para el hijo.

Todas esas experiencias de Mamá las vivió también el hijo desde otra visión, con una participación complementaria. Ella aprendió con esa experiencia y gozó con la entrega de su vida. ¿Aprendió el hijo de la misma experiencia? ¿Ha tomado consciencia de esos sacrificios a veces dolorosos mostrados con alegría y una sonrisa?

Tal vez sí, ojalá, porque qué desperdicio de amor, qué tan malgastado sería, si el hijo no logró aprender de la experiencia de la madre, sobre todo cuando ésta fue dolorosa y de penas. Qué derroche de angustia y de amor, si el hijo no se dio cuenta, si todo lo vio “muy natural” y no aprendió lo que debía aprender para agradecer y crecer con esa experiencia.


Y tú, ¿Has malgastado el amor de Mamá?

martes, 6 de mayo de 2014

Enriquece tu vida con El Orden


Hola amigo.                                                                                                                


¿Es frecuente encontrarnos frente a situaciones que hay que atender con urgencia? 

eventos no programados que modifican nuestro plan de acción, sorpresas fuera de nuestro control que nos obligan a ajustar nuestras decisiones y a cambiar nuestras acciones, errores nuestros o de otros que requieren hacer de nuevo lo que ya considerábamos avanzado o terminado, son parte de la vida cotidiana.

Frente a estas y otras sorpresas conocemos un elemento de previsión que minimizará los efectos en el cumplimiento de nuestras metas, sólo que no lo aplicamos suficientemente: el orden.

Existe toda una metodología para aprender a distinguir y aprender a manejar lo importante y lo urgente, de la que nos ocuparemos en un futuro próximo, y la base de esa metodología es El Orden. 


La máxima que dice “Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar” no sólo se refiere al orden de las cosas en los espacios, sino también al de las acciones en los tiempos, en las secuencias, en la simultaneidad,  en los procesos,  es lo que ilumina y le da razón de existir a la agenda personal, al plan de trabajo, al control de proyectos, a la planeación, al desarrollo organizacional, a los sistemas computacionales y a la generación de nuevos productos incluyendo la creatividad y la innovación. 

¿Cómo afecta el orden a tus actividades diarias? ¿Qué tan ordenadamente tienes o haces las cosas?, ¿Qué tanto orden conservas en tu lugar de trabajo, en tus ideas, en tus actividades, en tus proyectos? 

¿Aplicas en tu lugar de trabajo o de descanso la ceguera de taller, es decir la costumbre a ver las cosas o tus actividades fuera de lugar u orden? ¿Qué estás haciendo ahora para establecer y mantener el orden en tu vida? ¿Tienes un proyecto de vida que ordene tus prioridades en tus tiempos y valores? ¿Sigues un orden para mejorar tu salud, tus relaciones, tu trabajo, y tu espiritualidad?

Las respuestas a estas preguntas son sólo tuyas pero afectan a quienes te rodean, tú tendrás el beneficio directo del orden que establezcas en lo que haces, pero también obtendrás otros beneficios de los efectos que ese orden tenga en ti mismo, en tu equipo de trabajo y en tu organización, y ese beneficio se extenderá a tu familia, y a quienes viven y trabajan a tu alrededor.

Observa tu día, tu espacio, tus tiempos, tus actividades y te sorprenderá lo que puedes mejorar sólo introduciendo en ello… un poco más de orden.

Un abrazo.   


Rolando F. Lara