Estimado amigo.
Cuando inicias una tarea en tu
trabajo o en la familia, con frecuencia consideras que no necesitas de otras
personas para cumplirla, tal vez crees que puedes realizarla solo con tu propio
entusiasmo, con tu propio esfuerzo.
Pronto te das cuenta que son
pocas cosas las que puedes hacer así, tú solo.
En el seno familiar, en un
negocio pequeño y más aún en las grandes empresas, requerirás trabajar con
otras personas. En las organizaciones pequeñas porque requieras algo de una o
más personas para hacer tu labor, o entregar a otros el producto de tu trabajo
para que hagan el suyo. En organizaciones mayores, la tarea requerirá de
esfuerzos organizados por equipos de trabajo donde se requiere una metodología
hacia dentro del equipo y una coordinación entre unos equipos y otros.
En todos los casos la actitud de
involucramiento es requerida para que los equipos funcionen. Ese
involucramiento y la actitud participativa de las personas se hará evidente en
acciones como puntualidad y participación en las reuniones, en la aclaración de
dudas y emisión de propuestas, en la aportación de ideas y sugerencias para
mejorar los procesos, en aquellas conductas
que serán leídas por los demás como el genuino interés en que los objetivos se
cumplan, porque existe la consciencia de que esos objetivos son comunes, y el
resultado del equipo depende de todos.
En ocasiones, encontraremos que
la efectividad de un equipo deja mucho que desear, que se cumplen sólo
algunos objetivos a medias y en tiempos
más largos, que se producen errores frecuentes, que los costos de las
actividades crecen sin desearlo por errores o distracciones que requieren
retrabajos, etc. y lo primero que salta a la vista es la falta de
involucramiento. Esto es: los participantes anteponen su posición personal, la
consideración de sí mismo como superior (vedette), su comodidad, su aversión al
riesgo, etc; al beneficio común buscado
por el equipo, al objetivo común; y como consecuencia ese beneficio se ve
deteriorado, o el objetivo o meta francamente incumplido.
¿Detienes la conexión?
En otras ocasiones la
coordinación entre los equipos falla porque la conexión entre ellos, es decir
el canal del flujo de información, de materiales y de decisiones se ve detenido
en cuellos de botella que generan pérdidas en dicha coordinación, deteniendo
también el flujo del dinero. Un cuello de botella múltiple se genera por flujo
deficiente de información cuando no todos los equipos están informados de lo
mismo, y las actividades pierden coordinación. Un cuello de botella simple
aparece cuando alguien detiene actividades esperando información, o materiales
o decisiones que se acumulan en un escritorio por deficiencias en dichos flujos
y el flujo de dinero no corre. Todos esos cuellos de botella generan esperas
innecesarias y pérdida de efectividad.
Un problema profundo de los
equipos consiste en la pérdida de funcionalidad, es decir, el equipo es
disfuncional. Esto está asociado a las relaciones entre los participantes y por
supuesto deteriora la efectividad del equipo. Por su gran importancia y
extensión, me referiré a este concepto en una ocasión posterior.
Los equipos de personas, o los
equipos de equipos, necesitan de una completa interdependencia para funcionar
con efectividad, es decir con la eficacia que les hace llegar al objetivo y la
eficiencia que les hace alcanzarlo al menor costo y con el mejor resultado. Ambos
tipos de equipos se alimentan del involucramiento de las personas y del cuidado
de los flujos de información, materiales, decisiones y efectivo, así como de la
funcionalidad asociada a la calidad de las relaciones entre los participantes.
Si ahora voltearas hacia dentro
de tu equipo, ¿puedes identificar si está logrando sus metas con eficacia y con
eficiencia? ¿Puedes afirmar con seguridad que el equipo cuenta con
involucramiento completo de sus participantes, sean éstos personas u otros
equipos?, ¿estás seguro que no estás generando cuellos de botella en el flujo
de información, materiales, decisiones o dinero?
Un abrazo
Rolando F. Lara.


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