martes, 13 de mayo de 2014

¿Culpable o inocente?


Con más frecuencia que lo deseable, te encontrarás no siendo tú, no actuando como realmente eres, queriendo dar “una buena impresión” a quien te acompaña, sobre todo si esa persona es tu jefe, tu cliente, una autoridad, o alguien de quien consideras importante su opinión.

¿Te has preguntado la razón de ello? Te das cuenta realmente de lo que sucede en tu interior cuando actúas de esa manera? ¿Has revisado lo que realmente sientes en esos momentos?

 ¿Será que tienes temor a darte a conocer?  ¿o a no obtener la aceptación de la persona que te acompaña?
Una forma de identificar eso, es preguntarte si calificas tu conducta comparándola con lo que esa persona espera de ti, preguntarte la opinión que se formaría de ti si conociera esa conducta que ocultas. Si ese es el caso, quizás estés generando culpas por actuar como esa persona lo espera, y con esas culpas generas también una dependencia casi esclavizadora, hasta una pérdida de tu libertad a actuar según lo que consideras correcto por ti mismo, desarrollando también un sufrimiento innecesario.

La culpa auténtica es el sufrimiento generado al comparar tu actuar contra lo que consideras que es correcto y sientes no haber cumplido con tus principios, con lo que te da valía como persona. Entonces aceptarás dentro de ti que no hiciste lo correcto, querrás reparar el daño en lo posible, buscarás corregir tu forma de actuar y cambiar, y quizás ofrecer una disculpa a la persona que tal vez hayas afectado.

Pero ¿qué sucede cuando otra persona desea que hagas algo que tú no quieres hacer? ¿qué sucede cuando  espera algo de ti y no lo haces,  porque no lo ves correcto, y aunque consideras que no tiene derecho a pedirte que lo hagas, te sientes mal si no lo haces? ¿qué sucede cuando sientes culpa por haber actuado diferente de lo esperado por esa otra persona? Esa culpa genera también el sentimiento de que no quisieras sentirte así, entonces te sientes culpable por sentir culpa, consideras que hiciste lo correcto pero no sabes cómo hacer para no sentirte culpable, actuaste según tus parámetros y no según los de la otra persona y aún con ello te sientes mal.

Habrás descubierto un elemento para recuperar tu libertad de actuar según tus propios parámetros. Te habrás dado cuenta que esa libertad te pertenece pero la has cedido sin querer al aceptar actuar según lo que otra persona desea de ti, según lo que esa otra persona quiere obtener de ti, aunque se oponga a lo que consideras correcto y que desearías realmente hacer.

La culpa de sentir culpa


Nace generalmente de actos que consideras correctos y en la dirección adecuada pero no cumple con expectativas ajenas. Sientes culpa porque si la manipulación de otros no te llevó a actuar como esa otra persona esperaba, al menos sí te molesta decepcionar o no agradar a esa persona, aunque también te sientas satisfecho por hacer lo correcto.


Esta culpa por no agradar no es real ni auténtica, es producto de la manipulación y tú la estás alimentando con tu culpa en un círculo vicioso. Sin embargo, al ponerlo al descubierto, sabrás que realmente puedes actuar según tus propios parámetros y te sentirás libre, más seguro y mucho más satisfecho por tu actuación, y la culpa infundada desaparecerá. Te darás cuenta que esa persona no tiene ya más poder sobre ti, que puedes enfrentar las consecuencias de tu ética y tu libertad con seguridad y fortaleza y que sin buscarlo las oportunidades de mejora brotarán y podrás continuar siendo libre y satisfecho contigo mismo, construyendo sin culpas infundadas por la manipulación, la persona que realmente deseas llegar a ser. 

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